El frustrado golpe militar de julio de 1936 originó una guerra civil que duraría tres años, en donde los nacionales dirigidos por el general Francisco Franco, se enfrentaron a las fuerzas leales al gobierno republicano. Los gobiernos fascistas de la Alemania e Italia lucharon junto al bando nacional, mientras que los republicanos recibieron el apoyo a menor escala de la rusia soviética y de voluntarios de las Brigadas Internacionales. La guerra en tierra se libró principalmente con estrategias y equipo de la Primera Guerra Mundial sin embargo se experimentaron con nuevas máquinas de guerra como los tanques panzer alemanes y la aviación de la legión condor. Al final los nacionales alcanzaron la victoria en un conflicto que costó más de 500.000 vidas y donde más de un cuarto eran civiles o prisioneros que fueron asesinados a sangre fría.
Por un lado nos encontramos a los republicanos que contaban con varias unidades fieles del ejercito regular y la mayoría de los paramilitares guardias de asalto. Sin embargo, la supervivencia de la República dependía de la creación de las milicias populares mediante distintos grupos de izquierdas, principalmente de los grupos de anarquistas y sindicalistas. De este modo, después de rearmarse tomaron las grandes ciudades y se organizaron en formaciones de defensa al mismo tiempo que intentaban crear una revolución social. Las milicias se construyeron de forma estrictamente democrática eligiendo a sus oficiales aún sin disponer de disciplina formal. En ocasiones con un valor sin precedentes, pero eran demasiado inestables para luchar en una guerra de desgaste contra las tropas de Franco que estaban mejor pertrechadas y abastecidas. Incluso hoy en día parece increible que nadie decidiera llevar una campaña de guerrillas contra los nacionales. Además de esto, la gran influencia comunista debido a la ayuda de los soviéticos no impidió que los grupos de izquierdas lucharan internamente. Por esto, la efecitividad del ejercito republicano se vió entorpecida convirtiendose en un ejercito desmoralizado y agotado que se rindió en marzo de 1939.
También, el gobierno republicano estuvo apoyado por las llamadas brigadas internacionales que se organizaron en la unión soviética desde finales de 1936. Entre sus filas había todo tipo de nacionalidades desde Francía, Italia, Alemania, Polonia, Gran Bretaña, Estados Unidos hasta China y Japón entre otros. Las brigadas llegaron justo a tiempo para defender Madrid en noviembre de 1936. Más adelante, en 1937 y 1938 miles de brigadistas murieron en ofensivas frontales inútiles junto a los que eran ejecutados por los comisarios políticos por deserción o motivos políticos. Finalmente, en septiembre de 1938 las brigadas se disolvieron con un balance de 10.000 de 60.000 muertos sólo en España.
Por otro lado, se encontraba el bando de los nacionales que tenía como núcleo el Ejército de África, procedente de la colinia norteafricana del Marruecos Español. Su élite era la Legión Española, que se creó en 1920 inspirada en la Legión Extranjera Francesa, pero que se constituyó casi enteramente a base de voluntarios aunque también contaba con un gran número de veteranos combatientes procedentes de tribus marroquíes todas ellas bajo el mando de oficiales españoles. Otra de las milicias más conocidas eran las llamadas requetés (milicias monárquicas católicas) que estaban formadas en gran parte por agricultores de la región navarra que luchaban con el espíritu de los cruzados “con una granada en la mano y un rosario en la otra”. Contaban también con el apoyo del movimiento fascistas falangista, parte de la guardia civil y policia paramilitar.
En un principio, el avance del Ejército de África fue rápido y prometía una victoria rápida y sencilla. Cuando los soldados españoles transladados desde el norte de África al sur de España por aviones Italianos y Alemanes, avanzaron hacia Madrid sembraron la muerte a su paso. Pero, una tenaz resistencia los mantuvo a las afueras de la capital en una guerra de desgaste. Sin embargo, con el apoyo extranjero y la desunión de sus adversarios lograron finalmente la victoria.
Tampoco, puede pasarse por alto la ayuda de la Alemania nazi que sumó a las fuerzas de del general Franco la Legión Condor. Este apoyo tanto en material como en hombres supuso una gran ventaja sobre el bando republicano. La Legión Condor aunque menos numerosa que las tropas italianas era en muchos sentidos más eficaz. Se componía en su mayoría de aviones y pilotos de la Luftwaffe aunque también disponía de un contigente de tanques y cañones de 88 mm empleados contra aviones y tanques enemigos. Para los dirigentes nazis, aquella guerra fue un campo de pruebas de equipo y tácticas bélicas donde su personal además de estar bien remunerado ganó tal experiencia en combate que volvieron a Alemania como una verdadera élite. En 1937, la Legión Condor fue responsable del bombardeo de la cuidad vasca de Guernica .
Por último, debemos reconocer que los soldados de los dos bandos lucharon con valor aunque el bando de los nacionales tenía un mayor apoyo y una organización mucho más eficaz que los republicanos. Estos últimos, carecían de una estructura sólida y equilibrada junto con un tímido apoyo soviético no pudieron resistir la dura guerra de desgaste a la que se enfrentaron.


